domingo, 24 de abril de 2011

Little, no tan Little, India

Hola a tod@s! gracias por leer y escribir comentarios!! Es fantástico el poder de la comunicación. El viaje es más fácil con buena compañía, muchas gracias!

Estuve pensando bastante sobre que contarles de mi experiencia en estos días en Singapore. Y como este blog se trata de sensaciones y vivencias más que de una descripción de la ciudad, cuando fui a Little India no tuve duda de compartir éste maravilloso viaje de los sentidos.


Little India (Pequeña India) es el vecindario donde vive la comunidad India en Singapore, mayormente la cultura Tamil. Es uno de los lugares turísticos imperdibles de ésta ciudad. Fuimos en taxi porque era la primera vez y no sabíamos cómo llegar, cuando le dijimos al taxista Little India él sabía perfectamente donde ir y nos dejó en Serangoon Road. Inmediatamente despues de llegar, entras en acción. El taxi paró donde pudo entre camioncitos de carga, autos, otros taxis, gente caminado y sobre todo ruido, mucho ruido. Bajamos  y empezamos a caminar, allí comienza un viaje donde se estimulan todos los sentidos juntos al mismo tiempo. Al principio te sientes aturdido por tanta información junta para procesar, colores, olores, música, pero después de unos minutos te dejas llevar y sentís que todo tu ser, cuerpo y mente flotan. La vereda (acera) para caminar es súper angosta (lo que no deja de ser un desafío si vas con carrito de bebé), porque hay cosas de los dos lados, realmente no sabes hacia dónde mirar.

Lo primero que me llamó la atención fue un canasto lleno de envases con Henna para hacer tatuaje de manos, tan común en ese sitio que pasaba desapercibido y para mi fue como descubrir un tesoro. Ver allí tan fácil de obtener algo que siempre me pareció tan lejano y un poco místico. Muchos comercios de brazaletes (pulseras), pero solo brazaletes de muchos colores y muy brillantes. En un momento llegamos a un lugar dónde vendían ropa, perchas y perchas de ropa hacia la derecha y hacia la izquierda señores con sus máquinas de coser en la vereda (casi en la calle), con canastos llenos de hilo que te modifican el pantalón según tus necesidades, que fantástico!. Seguís mirando ropa y cuando te acostumbraste un poco, te despiertas de golpe porque hay un negocio de telas, los colores de las telas te hablan, mejor dicho te gritan, no podes dejar de mirarlos. Cuando todavía estás en un shock de colores viene un olor a jazmín, procedente del carrito con flores, que te relaja… y arrrriiiba de nuevo con la música super alegre que te invita a bailar en el siguiente negocio. En este punto ya perdiste el control y lo único que podes hacer es seguir respondiendo a los estímulos. Aparece el olor a curry que te lleva al cielo y ves comida por todos lados, especias, ollas y quieres estar allí for ever!. Pero las piernas siguen y llegas a un negocio en dónde se venden sahumerios y entras en trance de nuevo, muchas figuras religiosas, música súper relajante. Podes percibir algo allí, buena onda diría yo. También sientes deseo de quedarte un rato, pero no podes porque atrás tuyo hay ríos de personas que quieren seguir caminado y si o si tienes que seguir.


Finalmente llegamos sin saber muy bien como a un centro comercial llamado Mustafa Center. No tan pintoresco para mi gusto, pero ciertamente divertido. Allí terminó nuestra primera visita a Little India, un viaje de los sentidos, en el taxi de vuelta no hablábamos porque seguíamos sintiendo esa sensación de flotar. Yo creo que a Little India siempre se vuelve!

Hasta la próxima!

Fotos by Guille, mi compañero de viaje y de vida.

viernes, 8 de abril de 2011

Una Ciudad, Dos Mundos

Hola! Amig@ lector de este blog, ante todo gracias por leer! Me encanta compartir esta aventura a través de la palabra. Creo que siempre tuve la curiosidad de saber cómo era el mundo, y disfruto de la fortuna de viajar, algo increíblemente enriquecedor para mí. Al desembarcar en Singapore, miles de imágenes nuevas, olores diferentes, sabores raros me arrollaron y sentí la necesidad imperiosa de compartir esto que me pasaba. Así que aquí estoy, contándote como vivo en Singapore, del otro lado del mundo de las pampas y las Américas. Si tienes alguna observación, duda o simple curiosidad de algo en particular de estos lares,  déjame tu comentario y puedo tratar de averiguarlo.
Vista desde Chinatown
Hoy les voy a contar acerca de algo difícil de explicar, y es un sentimiento de estar en dos mundos en una misma ciudad. Singapore, (siempre voy a usar  el nombre en Inglés, en español es Singapur, pero aquí hay 4 lenguas oficiales así que para simplificar usaré inglés), es una república joven, se independizaron junto a otros territorios de dominio británico en 1963 para formar Malasia, de la cual se separa completamente 2 años más tarde. Hoy es una de los 4 tigres de Asia junto con Hong Kong, Corea del Sur y Taiwán. Debido a su desarrollo económico, es considerado uno de los  mejores  lugares del mundo para hacer negocios. Singapore tiene uno de los puertos más importantes del mundo. Si caminas por el distrito financiero  parece por momentos que estas entre las torres de la gran Wall Street in New York. Las tiendas de marcas relucen en la avenida Orchard Road, la calle más glamorosa de Singapore. Los autos caros, carísimos y muchísimos dan vueltas por todos lados y nadie se asombra. La ciudad está limpia y reluciente.  En algunos autobuses te subís y un cartelito te dice la cantidad de asientos libres, impresionante no?  El metro, impecable! Súper moderno, brilla muchísimo más que mi cocina. Si lo hice bien, tienes que haber imaginado una ciudad del “primer mundo” y así es. Pero según mi perspectiva hay muchas diferencias con esas ciudades, lo primero y más bonito son los árboles, hay mucho arboles por todos lados, incluso tapan los carteles a veces, arboles de más de 100 años lo que denota que han sabido conservar lo bueno.  Y si miras hacia abajo  podes ver una ofrenda de fruta y un sahumerio en algún lugar. 
Orchard Road
Entre los carísimos autos quizás un señor en bicicleta, y si no te dejas encandilar por la luces de los negocios de marcas y caminas 100 metro hacia adentro podes encontrar un hawker centre, un lugar de comida en donde podes comer por 4 dólares o menos.  Pero lo más impresionante es que la gente no mira como en el resto de las megas ciudades primermundista que yo conozco. En donde sus ojos se posan sobre algo pero su mente esta en otro lado, aquí la gente ve. Ven a un bebe y le sonríen, se paran en la calle y ven las nubes si están hermosamente iluminadas por el sol. No parecen apurados como en las metrópolis. En los restaurantes ellos tomas su tiempo para comer, como respetando el momento.  Existen unos mercados llamado Wet markets, en donde se vende comida fresca y la gente practica un antiguo ritual perteneciente a los antepasados yendo  cada día a comprar los ingredientes para cocinar su comida. En estos lugares también se arregla ropa y zapatos, se venden flores y fruta como en el más chiquito de los pueblos de nuestra Latinoamérica. Todavía no puedo entender esto de estar entre dos mundos, pero saben que me gusta. Yo reconozco que me deslumbro por las luces y todavía tengo que aprender mucho de aquí, pero ojala que esta ciudad no se convierta en rica y famosa y siga teniendo el encanto del  contraste entre dos mundos… 
Vista del districto financiero
Hasta la próxima!!

Descubra los Secretos de Singapur con el libro KopiTravel Singapur

Con mucha alegría les compartimos nuestro pequeño gran homenaje a Singapur. Después de vivir 6 años en Singapur y más de 2 años de traba...